martes, 31 de marzo de 2009


Nunca he cruzado una meta como primer lugar, pero siempre que lo hice, venía otro detrás de mí. Nunca he sabido lo que es un podio de primer lugar, ni de segundo, no de tercero. Jamás he visto mi cuello adornado por alguna medalla de oro,o plata, o bronce. No llego ni siquiera a estar cerca de algún récord mundial. No he llegado ni más alto ni más bajo que muchos; no he tenido despampanantes modelos esperándome con los brazos abiertos y los labios húmedos al final de mi camino... pero soy mi propio campeón; batí cada uno de mis récords, crucé mis metas con los pies alados y flamígeros, oí el rugir enardecido y el aplauso de mis ancestros animándome y profiriendo maldiciones a cada uno de mis pasos; Ícaro que alcanzó la orilla del mar maltrecho y a nado forzado. Soy, en resumen pues, mi propio campeón.

domingo, 22 de marzo de 2009

NO ME CONFUNDAN PLIS

¿Alguien duda de mi aspecto árabe? Nomás me faltan el camello computarizado, los millones en petrobonos, los pozos petroleros bajo la almohada y el nutrido harén. ¡Casi nada chico!

CAIDA SÚBITA

En una ocasión, hace ya mucho tiempo, fuí a correr a un campo cercano, pues me estaba preparando para asistir al año siguiente al servicio militar. En ése entonces no tenía la costumbre de correr ni siquiera en defensa propia. Iba acompañado de mi perro "Chicoché", un animalito amarillo y flacucho que había encontrado abandonado en las cercanías de Coapan. Como yo ya estaba tomando condición física, aceleré mi paso hasta convertirlo en un sprint. Sentía el viento silbando en mis oídos e iba muy satisfecho de mis fuerzas, cuando de repente sentí un ligero golpe en mi pantorrilla izquierda. Casi como una ráfaga pasó el mentado Chicoché rebasándome por la izquierda. Para mi mala fortuna los pies se me enredaron y como en Matrix, caí estroboscópicamente al suelo en medio de una polvadera y un dolor intenso de brazos y muñecas. Cuando pude saber hacia dónde quedaban la tierra y el cielo descubrí al saboteador perro a mi lado y mirándome extrañado quizás por mi súbita e inexplicable parada. Al principio me enojé, pero luego me reí y me admiré de la travesura involuntaria del can.

sábado, 14 de marzo de 2009

Pelé

No soy un aficionado al futbol; de hecho, a veces casi llego a detestarlo. De hecho lo comprendo muy poco. Soy capaz de pasar un domingo entero sin sintonizar siquiera en la TV un canal donde se exhiba un partido de Futbol. Pero no puedo negar que quedé perplejo y boquiabierto al observar videos de las jugadas de Edson Arantes do Nascimento (Pelé) y entonces comprendí porqué se le conoce mundialmente como "El Rey Pelé". Posee una imaginación, una agilidad y una habilidad soberbias; su capacidad de orientación espacial se asemeja a la de un halcón en pleno vuelo: siempre sabe dónde están el cielo, la tierra y la víctima. Me imagino que cualquiera de sus contrarios temblaba al solo tenerlo como rival y frente a él. Todos los demás jugadores contrarios parecían lentos novatos comparados con él. Puedo citar mil calificativos para describir a Pelé; por razones de espacio simplemente diré que es simplemente genial. Y a propósito, las selecciones de futbol brasileñas me llaman poderosamente la atención por la alegría con que los jugadores tocan el balón. Puedo percibir un genuino deleite y gozo de parte de los jugadores por ganar, simplemente ganar.
Casi siempre he pregonado mi desprecio por el futbol, pero pesar de mi acérrimo escepticismo, me viene a la memoria la acertada sentencia de José Ramón Fernández: "...y sin embargo, todos sabemos un poco de Futbol".

Vida de un idealista

Víctor Jara fué un cantautor que me impresionó sobremanera. Desde mi juventud conocía algunas de sus canciones, las cuales consideraba interesantes, pero fué años después cuando leí un libro revelador del durísimo trance que sufrió su país natal (Chile) y me enteré entonces de la vida de este gran ser humano. Entonces miré a Víctor Jara en toda su magnitud. Sus letras cobraron sentido, su obra se me presentó colosal. Pude entonces sentir su espíritu y enmudecí de asombro y dolor por todo lo que uno puede ignorar de una persona.

viernes, 13 de marzo de 2009

¡Aguas con la víbora, sea grande o chica!


En una de mis múltiples correrías por el cerro de las cruces, me topé con una pequeña viborilla que se asoleaba al calor de las once del día. La ví tan claramente que me bajé de la bicicleta para observarla mejor. Ella se escondió entre unas matas y yo la hice salir ayudado de unas varas. Cuando la tuve a mi alcance la tomé por la cabeza. Medía unos 30 centímetros de largo. La admiré, pues no era la primera vez que atrapaba una culebrilla. Estaba en la contemplación cuando la "culebra" abrió grande la boca y pude entonces darme cuenta de que se trataba nada más y nada menos que de una víbora de cascabel bebé. Al ver sus dientes puntiagudos la solté por el miedo y la sorpresa. La volví a atrapar con unas varas y la transporté a mi casa. Ese día estuve contemplando al mítico animal a través del cristal de una pecera vacía. Ví cómo me amenazaba moviendo su cascabel de un único eslabón. Yo tenía cierto temor de tener un bicho semejante en mi habitación aunque estuviera encerrada, y mis temores no eran infundados. A los dos días, luego de llegar del trabajo, observé la pecera y vi con espanto que estaba vacía; el reptil había escapado. Mi puerta era hermética, así que la temible plaga quizás no hubiera salido de mi alcoba, Por más que la busqué no dí con ella. Así pasé una semana, sabiendo que convivía día y noche con un venenoso animal. Para mi fortuna no me topé con ella sino hasta otro día que volvía de la calle. Ahí estaba, a medio cuarto sobre un tapete. La atrapé con cuidado y la volví a meter en la pecera. Pude respirar aliviado. Otro día, limpiaba su terrario mientras con una vara aprisionaba su cabeza contra el suelo. Mi mano rozó por accidente una pequeña gota de veneno que ella dejaba en el cristal tras sus infructuosos ataques a mi rostro. En cuestión de minutos empecé a sentir confusión mental, y sospeché del veneno. Me lavé la mano muy bien y entonces decidí que debía deshacerme de la alimaña a toda costa. Al domingo siguiente fuí a devolverla al mismo lugar donde la hallé. Ella desapareció un tanto entumida entre la maleza, y yo respiré aliviado por su ausencia. Juré no volver a tomar a tomar a la ligera a ninguna víbora que me topara en mi camino;... bueno, no cumplí mi propósito; me he entregado a una que otra pasión tan venenosas como víbora de cascabel, pero creo que me estoy haciendo inmune a ese veneno.

Más viejo, más lento, más seguro



En una ocasión bajaba en bicicleta por un monte de mi localidad conocido como "cero de las cruces". Hace ya tiempo que dejé este deporte de la bicicleta de montaña por considerarlo sumamente peligroso. Ya venía de regreso cuando por la misma vereda pasó zumbando junto a mí un joven montado en una super-bici de montaña. Mi primer impulso como competidor fué seguirlo, pero en cuestión de un segundo desistí de mi intención. Olvidé al muchacho y seguí bajando con cuidado. Para mi sorpresa, al pie del monte hallé al veloz muchacho con su bici tirada en el suelo...nada grave, una llanta se le pinchó y debió detenerse. Al pasar a su lado le pregunté con afán verdadero de aayudar si es que necesitaba algo; me respondió que no, y yo seguí mi camino silbando y pensando: "en verdad os digo que sus años le llevan más rápido, pero los míos me conducen más lejos"